Desconfinamiento, ¿y mi relación de pareja en qué fase está?

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Durante el confinamiento debido al estado de alarma que ha provocado la pandemia por coronavirus, las parejas se han pasado de verse un rato, a estar obligadas a convivir 24 horas, lo que junto con las emociones que ésta crisis ha desencadenado como: miedo, frustración, aburrimiento, incertidumbre, ira, estrés….  ha provocado vaivenes en las relaciones de pareja. Así, se ha pasado de lo idílico de tener más tiempo en pareja, al agobio aislarte con ella.

En primer lugar, no hay dos parejas iguales y dentro de la misma pareja ésta va evolucionando. También hay parejas que se han visto separadas, debido a que aún no viven juntos, por problemas familiares o sociales, o simplemente  por aspectos laborales y/o económicos. Esto ocurre especialmente en las parejas más jóvenes que posiblemente se encuentren aún en período de formación y no se han independizado de los padres. Ahí el sentimiento predominante ha sido echar de menos, la ausencia de contacto o intim idad, lo que ha tambaleado la relación, ya que por mucho esfuerzo que se haya puesto en cubrir todo eso con las videollamadas, éstas no han podido apaciguar la privación de relacionarse físicamente.

Si bien, las parejas con hijos merecen especial atención, habiendo tenido que reinventar nuevas dinámicas familiares, sobre todo con el cierre que los colegios, preocupación por la formación de los niños, cubriéndola ellos mismos, haciendo deberes, teletrabajando y afrontando preocupaciones por la economía familiar etc..

Algo de lo que también se ha hablado mucho es del Baby Boom post pandemia, a mi entender será en parejas que previamente no tuviesen hijos y desde luego hayan llevado el confinamiento más, menos bien. Porque creo que las parejas ya tenían  hijos  han estado a otros menesteres, como la dureza de rehubicar las relaciones familiares, acompañar a los niños en la formación, teletrabajar y buscar nuevas y requetenuevas formas de entrenenimiento para niños. 

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Para las parejas apunto del divorcio, que todo ha estallado por los aires durante el confinamiento, que  han visto en el otr@ el monstruo del lago Ness, creo que el divorcio es una decisión muy importante y hay que tener cuidado con el contexto. Me explico, hemos vivido no sólo un estado de alarma, también cada uno personalmente ha podido sentir ansiedad, preocupación, incertidumbre y/o ambigüedad, lo que nos puede llevar a percibir la situación y la realidad de manera negativa, distorsionada y sesgada, tomando decisiones bajo una fuente importante de estrés y de manera precipitada. Si es la solución adelante, pero tened en cuenta el contexto en el que estáis tomando la decisión.

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Y que decir de las mujeres sin pareja, a las que ha acudido su ex echándolas terriblemente de menos y acordándose de todo lo que las quiere, la decisión de dejarlas es algo de lo que se arrepentirá de por vida… o hasta la próxima pandemia. De la misma manera, cuidado! Cuidado con ese café ahora que hay terrazas abiertas. Él también ha estado aburrido, buscando distracciones, abatido y sin los tapones que puede ponerse todos los días con los amigos, o con el gimnasio o con vete a saber qué!. Sopesar bien si una reconciliación con alguien que te ha hecho daño es factible, si merece la alegría (no me gusta lo de merece la pena), repetir la misma historia y patrón, conecta con lo que te hacía sentir esa relación y retoma el síndrome de abstinencia que ya pasaste tras la ruptura. Valora y sobre todo contextualiza. Este punto también es aplicable al rollo de una noche que nunca te volvió a llamar hasta estar confinado en su casa con el único canal de ligue o caza que el móvil.

Pero, ¿qué es lo que ha hecho que haya parejas que hayan disfrutado del confinamiento, mientras otras el confinamiento ha estado haciendo mella en su estabilidad? La VINCULACIÓN. El que una pareja se esté tambaleando por el confinamiento no tiene que ver tanto con si estaban bien o mal, o cuánto tiempo han pasado juntos, sino cómo son las bases de esa pareja, la calidad de su vínculo, además de sin duda, de los recursos personales de cada uno para afrontar situaciones de estrés, de adaptación, entre otras cosas.

Ahora bien, voy al meollo, durante este tiempo de “pasar de fase”, he estado observando la aplicación de las mismas a las parejas. Así, estas también han ido pasando por diversos ciclos de confinamiento y desescalada:

FASE DE CONFINAMIENTO:  Fase de Sorpresa y desconocimiento absoluto de tu pareja. De llevar vidas paralelas y compartir lo que creíamos conveniente a…Reclusión abrupta de los dos. No te digo más si vives en Madrid, en un estudio o minipiso. Así, sin más, sin dar tregua, ni momentos de oxigenación, ni respiro alguno, aislados el uno con el otro. Esto ha provocado un cambio radical en las dinámicas y rutinas de la relación. Hemos empezado a ver al otr@ en momentos de crisis laboral, añoranza familiar (ahí se ha visto claramente las mochilas que portamos con la familia de origen), sin con amig@s donde desahogarnos… lo que ha podido provocar conflictos, enfrentamientos y dificultades para relacionarnos. Si ya sucede a la vuelta de vacaciones después de la convivencia, aquí se ha multiplicado exponencialmente al no ser algo elegido, sino impuesto.

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FASE 1: Descubrimiento del otro. Volver a conocernos, sin duda hemos cambiado personalmente, lo que implica aceptar nuevas formas de la pareja. Empezamos a salir de la burbuja, pero de uno en uno, lo que hace que la situación aunque nos puede dar un poco de tregua, sea aún más rara  y desconocida. Las parejas estaban acostumbradas a compartir momentos de intimidad fuera del domicilio, y a veces ir a hacer la compra juntos, era parte de tu rutina. Así que nuevamente ha tocado readaptarse, comunicar, empatizar….

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FASE 2: MI PAREJA Y MI RELACIÓN ES DIFERENTE. Apoyo y soporte de la relación. Podemos empezar a hacer cosas juntos fuera de las cuatro paredes que nos han tenido esclavizados, algunos comienzan a poder ir al trabajo, otros siguen teletrabajando o a la espera de qué va a pasar con su puesto. Nuevamente, no es todo alegría y jolgorio, vuelta a la flexibilidad, a ponernos en el lugar del otro, o a tener nuevos conflictos de cara a la generación de nuevas dinámicas de pareja, “él o ella sale más que yo”, “no comprende que aún no estoy preparad@”, habrá que seguir apostando por la pareja, analizar en qué situación se encuentra y qué habéis ido transitando, generar nuevos hábitos juntos, pero que a la vez individualmente os permitan crecer y readaptaros.

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FASE 3: REINVENTAR LA RELACIÓN; esta llega con la llamada nueva normalidad. Después de lo vivido, qué ha pasado con lo nuestro, algunas parejas que no lo han llevado bien, se plantearán como he mencionado en párrafos anteriores, si dar continuidad a esa relación, sopesarlo teniendo en mente la situación extravagante y crítica que todos hemos vivido. Pero también, hay muchas parejas que se han reencontrado, que han aprendido el uno del otro y en ésta fase están siendo conscientes de ello. De lo extraños que eran al principio del confinamiento y lo que éste les ha unido. Han afrontado juntos una pandemia, han discutido por el café, por quién cocinaba, por quién iba a hacer la compra, por cómo afrontaba uno u otro las medidas de seguridad (“que irresponsable con esto o con lo otro”   “cómo se le ocurre tocar esto o respirar así jaja”), por infinitas horas con videollamadas, despidos, reincorporaciones…

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Pero como he empezado diciendo, lo que ha hecho que una pareja se tambalee o se fortalezca es el vínculo que previamente a esta situación, habían creado entre los dos. Los vínculos son necesarios en las relaciones que mantenemos, ya que es la manera que estos nos aportan seguridad a nivel psicológico. Y cuando se trata de mayor cercanía y afectividad como es el caso de las parejas, la vinculación está destinada a proporcionarnos abrigo como protección, desde el acompañamiento.

No obstante, los vínculos amorosos se determinan por los estilos de apego, cuyo fin es encontrar protección y seguridad en el ámbito emocional.

El tipo de apego y su calidad nos vendrá determinado por estrategias que aprendimos en la infancia para obtener atención y seguridad por nuestros adultos de referencia

VINCULACION PAREJA, SOLUCIONAR CONFLICTOS DE PAREJA, MEJORAR LA COMUNIACIÓN EN LA PAREJA, SALVAR UNA RELACION DE PAREJA

Así, existen 4 estilos de apego que determinan el vínculo que generamos con nuestra pareja: apego seguro preocupado huidizo (alejado o temoroso) y desorganizado.

 

VINCULO DE APEGO SEGURO: se basa en la autonomía, equilibrio entre las necesidades afectivas y la independencia de ambos. Son parejas cuya dinámica se basa en la confianza, por lo que ambas disfrutan de la compañía e intimidad.

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  • VÍNCULO DE APEGO PREOCUPADO: se basa en la inseguridad con respecto al amor y la disponibilidad de la pareja. La pareja o un miembro de la misma vive en un estado de ansiedad de no ser suficientemente querido por el otro. Por consiguiente, se encuentra permanentemente preocupado y con miedo por el posible rechazo o abandono. Por lo que se demanda constante atención y afecto.
  • VÍNCULO HUIDIZO O ALEJADO: se trata de una relación basada en la frialdad emocional y cierta distancia afectiva. Así, esta indiferencia actuaría como mecanismo de defensa ante un posible o imaginado rechazo sentimental, por lo que niegan la necesidad de afecto o cariño. VÍNCULO HUIDIZO TEMEROSO: como base principal estaría también el miedo al rechazo, pero aquí predominaría la dependencia extrema y la evitación, manteniendo un comportamiento pasivo, con una visión negativa del mundo, pero buscando constantemente la aprobación de su pareja, de ello dependerá su autoconcepto y autoestima.
SUPERAR CONFLICTOS DE PAREJA, MEJORAR LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA, SUPERAR SUFRIMIENTO POR AMOR
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  • VÍNCULO DE APEGO DESORGANIZADO: la dinámica de la relación se basa en la polaridad entre buscar cercanía física, pero distancia mental. La pareja no es una fuente de apoyo y/o seguridad. Sienten necesidad de agradar y cuidar al otro de forma controlada, con la finalidad de que no abandone la relación.

Si bien, en la historia de una pareja es habitual y necesario que haya cambios y retos, desde el tener o no hijos, problemas con las familias de origen, cambios laborales, económicos, de domicilio, y en sí, evolución misma de la pareja. Para que una pareja salga fortalecida de situaciones ansiógenas es importante que cuenten con estas HERRAMIENTAS:

HERRAMIENTAS PARA SOLUCIONAR CONFLICTOS DE PAREJA, MUJERES QUE YA NO SUFREN POR AMOR, MEJORAR LA COMUNICACION EN LA PAREJA
  • Habilidades de comunicación: esta variable cobra especial importancia y tiene mucho que ver con cómo se relaciona una pareja. Si ya había problemas de esta índole antes, ahora es muy probable que se hayan acusado. Existen tres tipos de comunicación (pasiva, agresiva y asertiva). Si bien, en muchísimas parejas observo una comunicación agresiva entre ellos, tendiendo a expresarse de una manera violenta con el otro, traducido en gritos, desvalorizaciones, insultos, que han venido incorporando y pasan plenamente desapercibidos, pero… ay amigo! cuando la convivencia es mayor, esto se incrementa, provocando un importante malestar y conflictividad. Otro ejemplo bastante frecuente que veo en las terapias es la pasiva, el “¿para qué le voy a decir…?”, “sé que si le digo eso se lo va a tomar mal”, “no le digo esto otro por no discutir“, hasta que convives con él 24 horas y sueltas todo a modo de un dragón que escupe fuego. Expresiones como: “¿pero qué le pasa por la cabeza a este?” “No, si voy a tener yo la creadora del virus” o..”No tiene algo mejor que hacer”, “No me hace ni puto caso, está a su bola” “No ve que lo estoy pasando mal” “¿Cree que esto se recoge solo” o una mucho más ofensiva “Es igual que su padre o madre” se evitarían por otras mucho más cariñosas.

No obstante, para que la comunicación de una pareja fortalezca la misma, los miembros deben expresar de manera asertiva sus pensamientos y emociones, estando abiertos no sólo a expresarlos, sino a escuchar la postura del otr@, que no siempre va a encajar en nosotras como un guante, pero que es de vital importancia conocer, sobre todo para podernos comprender. Así a “No ve que…” se sustituiría por “intentando no pensar en la que se le viene encima con…de ahí que parezca un maniquí o un niño pequeño”. En definitiva, explicitar detalladamente al otro que esperamos de él/ella y qué estamos dispuest@s a dar.

Ahora bien, si al comunicarnos la situación se torna conflictiva y no se avanza, postergarlo para otro momento de mayor tranquilidad de los dos, pero eso sí no lo dejéis sin resolver, ya que con mucha probabilidad se agrandará.

  • (Ahora viene lo gordo) Estrategias para expresar emociones: tendemos a interpretar expresar emociones con ser o mostrar nuestra vulnerabilidad, con parecer endebles y de verdad, no os imagináis lo importante que es, cuantos conflictos y rupturas de gente que se quiere se evitarían. Cuando no las extereorizamos y pretendemos que el otro las comprenda, adivine y lo mejor de todo, actúe en consecuencia, casi siempre nos damos cabezazos contra las paredes. No vale el cómo no va a saber si estoy jodida si me han hecho un ERTE, o no veo a mis padres, o no salgo con mis amigas… pues no! Puede que él este la mar de contento porque puede hacer pesas por la mañana, ver Más que coches repetido a media mañana, echarse una siesta y salir a correr por la tarde antes de que emitan Forjado a Fuego por la noche (que casi todos los hombres que conozco se quedan tan bobos viéndolo  como cuando le pones la misma película a un niño de 3 años). Así, se puede encontrar aparentemente tranquilo o como si una bestia se hubiese apoderado de él, cuando nosotras intentamos captar la atención que necesitamos o que sin exteriorizar qué sentimos comprenda alguna de nuestras emociones.

Buscar momentos de intimidad, es imprescindible para la pareja. Intimidad no es cada uno en una punta del sofá, sino dedicaros tiempo, realizar actividades conjuntas que os gusten.

  • Empatizar: ahora que sabemos expresarnos y que se expresen en la intimidad de una pareja de nada sirve si no conseguimos ponernos en su lugar. Y sí! A veces hay lugares que pinchan, sale hasta sarpullido, pero es fundamental para que una pareja funcione, ser capaz de ponernos en su lugar y entenderlo. Habrá cosas que comprendamos fácilmente y otras para las que no haya manera de digerir, pues ahí vuelta a empezar en el punto 1, habrá que trasladarlo a la otra persona. Pero no hay buen amor posible sin la capacidad de ponernos en el lugar del otro, ver desde sus ojos, y vernos hasta a nosotras mismas desde él; a veces ahí te das cuenta de que tu espejo no siempre habla bien de ti, y que lo que no soportas en el otro, habla más de tí que del otro.
  • Otra variable importante y que no se puede dar sin las anteriores es gestionar las emociones: hemos vivido en estos últimos meses una montaña rusa emocional, nuevas formas de hacer, de relacionarnos y nos hemos visto obligados a adaptarnos a capón a todo. Lo que antes era imposible, ahora es una nueva realidad y eso también debemos elaborarlo como pareja. Gestionar las nuestras propias (que tiene su tela) y favorecer la gestión del que tenemos enfrente. Y por gestionar me refiero a afrontarlas de la mejor manera posible. Por ejemplo: la incertidumbre se lleva la corona y como mejor herramienta está el enfocarnos en el presente, confiar en nuestros recursos personales y de pareja. Y en…no sé si todo va a salir bien, pero la parte mala la vamos a afrontar y la parte buena (que siempre la hay en todo) vamos a abrir los brazos a recibirla. Para ello hay que dejarse sentir, no se puede afrontar, ni gestionar algo que taponamos haciéndonos las o los fuertes que podemos con todo y nada nos afecta. Una vez en contacto con la emoción, a por ella!! Ver de dónde viene, que función trae (el miedo tiene la función más protectora que existe, si vemos un toro bravo en la calle y nos da miedo no salimos y ahí nos protegemos sino de una muerte asegurada sí de que nos puede hacer una avería importante) y cómo transitarla, cómo afrontar dicha emoción para apaciguarla desde la realidad. Y digo desde la realidad, no desde la  happycracia de tener que estar bien por todo, bloqueando lo que sentimos y no permitiéndonos tener un día de mierda o estar de mal humor, porque señores, tiene su función para que veamos dónde hay peligro o que no está bien en nosotros o nuestro alrededor.
  • Ahora bien, no todo es pareja, la capacidad de autocuidado: si, si! No se puede cuidar al otro, siendo negligente contigo misma. Si haces todo por la relación, cedes, no pones límites, estás disponible las 24 horas, sin dedicarte ni un minuto, tienes a tu pareja idealizada (como un Dios de cualquier creencia, mitología o religión hubiese bajado a la tierra a estar contigo) sí, tendrás una relación que aparentemente esté bien, te sentirás muy afortunada de que semejante personaje esté al lado de una mortal como tú, pero no se sabrá dónde estás tú. Y esto, tenlo en cuenta para la siguiente pandemia (ójala que no la haya, pero por si acaso), que ahí todo va a peor, más idelización del otro, más cuidado, más niño pequeño, tu más madre aún de él, pero tú más lejos de ti misma, tú más perdida, tú más escondida detrás de una relación idílica que te ha borrado la existencia.

Así que autocuídate, quiérete y sé fiel, muy fiel contigo misma y exige lo mismo al otro. Tómate tu tiempo, ahora que ha habido tanto, entrégatelo, caza moscas si es necesario, no hacer nada es hacer mucho algunas veces, pero escúchate, para contigo misma, mírate y tente en cuenta y sobre todo desde el cuidado hacía ti misma. El espacio individual es imprescindible para volver a retomar el ánimo y energía para el período de readaptación en el que nos encontramos.

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Beni Moya

Dra. en Psicología Clínica, Legal y Forense

Si tienes dudas sobre el artículo, quieres realizar cualquier consulta, o necesitas acompañamiento para cambiar un vínculo que parece el nudo de lana con el que juega un gato al lazo recién puesto en la cabeza de una niña que va a tomar la comunión;  escíibeme a; info@bienquerer.com, o al teléfono: 662271883

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